Maimaha Abidin El Bad tiene 56 años y vive en el campamento de refugiados de Dajla, en Argelia.

Nosotros antes de que Marruecos bombardeara nuestras tierras, vivíamos en el Sáhara. Cuando estábamos en el monte solíamos jugar mucho, y teníamos animales y comida, en invierno vivíamos en casas de arcilla. Comíamos a menudo pescado.
Nos llegaron rumores de que los españoles iban a partir, y pensamos que íbamos a ser un país. Pero a la marcha de España se le unió la llegada de Marruecos, la marcha y la llegada se unieron, no nos dio tiempo para nada.
Yo estaba embarazada cuando Marruecos nos invadió. Tenía marido y dos hijos. Mi marido era mi vecino de toda la vida y como a ojos de sus padres era una buena chica, nos casamos. Mi marido era mi amigo de toda la vida, un buen marido, lo quería mucho. Cuando Marruecos nos invadió, con las bombas, los tanques, las personas, se fue al frente y no lo vi más, lo mataron allí.
Escapando de los bombardeos marroquíes, corrimos, de un pueblo a otro, sin comida, sin bebida. Yo estaba con un primo mío, no sabía nada sobre mi marido, nada sobre mis hijos, nada sobre mis padres. No puedo explicar con claridad aquel momento, corríamos, corríamos.
Recuerdo una llanura de arena, y muchísimo frio. No podía más, y en esa imposibilidad, se me cayeron los gemelos que llevaba en mi vientre, murieron allí. Tenían ocho meses. Estuve muy enferma e hicieron un agujero para que me metiese dentro, allí me cuido mi primo. Como hacía frio pasábamos la noche todos juntos, amontonados, los niños y los viejos se ponían en el centro del grupo para que tuvieran más calor. Solo teníamos pan para comer.
Recuerdo los trozos de los cuerpos muertos mientras corríamos, me viene una mano a la mente, no puedo explicar aquel momento, pero sé que lo tengo que contar, que lo debéis saber. Lo que los marroquíes nos hicieron a nosotros no se les puede hacer a las personas, porque no éramos y no somos personas para ellos, no nos consideran y nos tratan cómo personas. Y no quisiera quitar a los españoles su responsabilidad en todo esto, vosotros sois majos, pero pensamos que vuestro gobierno es responsable directo de todo esto. Nos apalabraron proteger los legítimos derechos del pueblo saharaui, y no han cumplido su palabra.
Nos trajeron en camiones a Tinduf, huyendo, y de Tinduf a Dajla; aquí vivo desde entonces. Agradecemos a Argelia la ayuda brindada al pueblo saharaui.
No sabía nada sobre mi marido, nada sobre mis hijos, nada sobre mi madre. Tras transcurrir una semana en Dajla, encontré a mi madre y con ella estaban mis dos hijos. A mi padre y a mi marido los habían matado en la guerra.
A las viudas nos ordenó el gobierno que nos casásemos y tuviésemos hijos, necesitábamos personas para el ejército. Yo quería a mi marido mártir y tuve que esperar dos años para sentirme mejor y poder casarme.
Los casaderos llegaban en camiones, y en una jaima nos colocábamos las mujeres a un lado y los hombres a otro. Nos conocíamos un poco los unos a los otros y si la unión era buena nos casábamos. Así conocí yo a mi segundo marido a los dos años de haber llegado a Dajla, y tuve mucha suerte. Era un buen hombre, hizo suyos a mis hijos y con el tiempo me enamoré de él. Pero yo no tuve más hijos. Mi marido murió hace cuatro años.
Hoy en día vivo con mi sobrina, ella ha nacido en Dajla.